Andrés:

Si tan solo el cielo fuera infinitamente celeste Andrés y las cantinas volaran como nuestras aventuras, marinitas sería Disney World, y la abuela sería nuestra droga preferida.
La noche se acerca Andrés, a vos y a mí nos da miedo, enojo; esta repugnante y detestable vida.
La ciudad es la misma, siempre será la misma
Ahora yo con un 20  y vos con los Youtubers españoles
A la orilla del reflejo del cielo se podían ver los espejismos que teníamos dentro del mundo
Que ahora tratamos de descifrar…
Tu padre Andrés es el más valiente de los cobardes
Hoy no le encuentro sentido a nada, a nada Andrés y solo quiero caer dentro de la noche fastidiosa de este invierno surreal.
Memes en Facebook pretenden ocultar mi sufrimiento, pero en realidad nada cambia.
Hoy me dolieron tanto tus emojis mientras chateabamos, el router es nuestra nueva madre cuando estamos comiendo un Sunday en MacDonalds,  frente a frente. 
Andrés,  prefiero quedarme en mi casa a ver porno que ir a misa. 
La cruz esa que pusieron aquella navidad.. ¿te acordas?  Era un dinosaurio más.
       Esa vez creímos ser meteoritos con los cuetes, y la cruz era un dinosaurio más.
La realidad no es nada frente a nada,  y los sueños nos carcomen la muerte,
Adán y Eva son mamadas, ¿verdad que si Andrés?
Buda me contó que vos preferís creer en el Pilgrim, en la señora Weldom, y yo sé que sos Dick San.
Andres; hoy es 13 de noviembre, son las 8:34 
Tu papá está fumando mota y el mío está haciendo auditorias
Tengo un vergo de trabajo en el colegio  y vos un vergo de ejercicios espirituales.
Tenemos mucha vida,
Pero ahora nos damos cuenta que perdimos los crayones y solo nos queda la hoja rota.

Mañana será otro nuevo día Andrés y tal vez mañana se cumpla nuestro anhelo de desaparecer, sino;  temo decirte que volveremos a amanecer, y desde luego tendremos que ver esta proyección de nosotros mismos, vivir frente a nosotros levantándose en un solo cuerpo.


La abuela viendo al pájaro morir:

Bailando con este sonido todo parece desierto, ausente, delicado, fragmentado.
Delirio, muerte y timones marchitos en galaxias donde todo es  subconsciente.
Lee que los cadáveres están vivos y que la muerte te espera hurtando tus más legítimas huellas de cuando eras una criatura ínfima.
-Lee que esto es un sueño.
[¿Cómo te explico?]
-Lee que esto es un sueño.
[Vos mira que hermoso ese señor.]
-¡Lee que esto es un sueño!
[Tócate noche de luna entre ruinas.]
-¡Lee, por la gran puta!
……. …… ….. …… ……. ……..[Vos me empezó a estallar el oído]…….. ……. …….. ……… …… ……----------------------……………------------…………------……..---------………….----------…………..---------…….---------------……------°°|°°°°°°°°°°||°°||°°°||°°°°!|||°°°||°°°°°°°|||||°|||°°°°°°|||°°°°°|||°°°°°°°|°°°°°|°°°°°°°°|°°°°°°°°°°°°°||

{¿Podes por favor pasarme el borrador?}
-¡Trigales, Jardines, La cruz!
¡Vamos Xelajú!
Vamos Xelajú…

Todo esto es un sueño…. -esta puta ciudad,
         [este viaje absoluto]
                                             -esta puta calle,
                              [este viaje absoluto]
                                             -esta puta patria,
                                             [este viaje absoluto]


-          ¡Welcome to Mario Kart!
{Nunca sabre este nombre que me divide. }
-          ¡Sho serota!
[Ya voy, por la gran puta espérate vida de mierda.]

-          Welcome to Mario Kart.
(Porque no solo de pan vive el hombre, Play Station, Shadow play , 23 avenida, zona 7 )
La abuela con vestido negro va llorando en una trigal viendo a niños crecer con el mismo chofer, con la misma silueta, con la misma sombra, con el mismo dicho, con el mismo apellido, con el mismo libro de Sartré que ahora le destroza el infinito.
La abuela viendo a un pájaro morir,  sentada al unísono del mundo que fue y ahora es, comiendo un tamalito de carne,
[Gracias por la canción vos.]
La abuela sentada viendo a la marimba hacerse cada vez  más vieja, más lejana, más ausente.
La abuela muriendo ahorcada en el terremoto del 76 viendo al pájaro morir, viendo la vida pasar y a la sombra de Dios huir debajo del volcán. 







Me tomó de la mano y me advirtió que si me volvía a soltar de la suya me dejaría atrás y no volvería, observé su rostro enrojecido y las gotas de sudor que se deslizaban por sus mejillas, yo llevaba puesta mi camiseta favorita: de color naranja con una tortuga ninja en el centro, la sentía mojada y fría debajo de los brazos, me disgusté. Caminábamos rápidamente por una calle muy parecida a las otras, me sentía desesperado de seguirla, tropecé con un agujero pequeño en el suelo y mi madre volteó a verme enfadada. Se escuchaban gritos por todos lados que ofrecían fresas, arroz, pollo, películas, tacos, mangos, etc.; la mezcla de olores hacía que me doliera la cabeza. Nunca me ha gustado acompañar a mi madre al mercado. Desee que no fuera sábado, nadie podía quedarse en casa cuidándome, acababa de entrar a segundo primaria, con edad suficiente para quedarme solo, pero nadie parecía entenderlo. Una hora después, cuando terminamos de comprar todo, vi que mi madre actuaba extraño, bajó la cabeza y me dio instrucciones para bajarla también y seguirla aún más de prisa, parecía estar ocultándose de alguien,intenté tomar su mano pero no pude, voltee a ver un puesto con láminas y tablas de madera, en donde había colgada una camiseta roja con una tortuga ninja en el centro y cuando giré de nuevo la cabeza, mi madre había desaparecido, empecé a sentir que no podía respirar, observe a mi alrededor e identifiqué el único par de pantalones deportivos que mi madre poseía, corrí hacia ellos y encontré a mi madre de la mano de un niño ajeno con una camiseta naranja que la observaba confundido, reí tan fuerte que mi madre reconoció mi risa y volteó, se veía distraída, observó al niño que llevaba de la mano y lo soltó inmediatamente, al instante el niño corrió alejándose de nosotros. Le sonreí a mi madre, quien no pudo evitar sonreírme también.Estábamos por llegar al auto estacionado en una calle anexa y empecé a sentirme aliviado, escuché que alguien decía mi nombre y giré la cabeza, era mi amigo Chris, del colegio, me acerqué a saludarlo a él y a su madre, pensé que lucían muy distintos a mi madre y a mí, pues su ropa estaba limpia del todo, no parecían haber sudado y los dedos de sus manos no lucían rojos por estar cargando bolsas con alimentos toda la mañana. Mi madre se mostró molesta y un poco decepcionada al notar que nos habían visto; movía los dedos de sus manos sobre su cabeza y entre su cabello como intentando modificar su peinado, se dio por vencida y se acercó a saludarnos. Mientras mi madre y la madre de Chris entablaban una conversación sobre el extraño clima de Quetzaltenango, llevé a Chris al puesto en donde se encontraba la camiseta roja con una tortuga ninja en el centro, le enseñé la mía y me dijo que sería genial que los dos tuviéramos camisetas parecidas, le gustó tanto la idea que llamó a su madre, quien tras despedir amablemente a la mía se acercó a nosotros y, viendo la camiseta que Chris quería, detuvo su vista en mí,observó mi camiseta favorita, luego observó a Chris y, negando con la cabeza disgustada, arrugando un poco la nariz le contestó: “Esa no”. Cuando llegamos a casa, después de ayudar a mi madre a colocar los alimentos en su lugar, escuché que mi madre le discutía a mi padre sobre algo que tenía que ver con cómo lucía hoy la madre de Chris, y que al mismo tiempo tenía que ver con el hecho de que poseía solo un par de pantalones deportivos, luego la escuche discutirle sobre la manera en que la había observado y que siempre era lo mismo cuando llegaba por mí al colegio, no entendí cómo una cosa se relacionaba con la otra.

Pasó el fin de semana, era lunes por la tarde, me encontraba en la casa de Chris, aún se sentía el olor a espagueti con queso fundido y pan recién hecho del almuerzo, el patio de su casa era muy grande, así que podíamos jugar libremente en él. Aún no era hora de que mi madre llegara por mí cuando el portón de la casa de Chris se abrió y la camioneta nueva de su madre entró, paso al lado de nosotros y le dijo a Chris que le tenía una sorpresa, Chris extendió las manos y su madre le dio una bolsa de papel con un logotipo que no identifiqué, Chris la abrió y dentro había una camiseta roja con una tortuga ninja en el centro, Chris se quitó la que tenía puesta y se la puso de inmediato, su madre le quitó la etiqueta y Chris me dijo que podíamos jugar a ser tortugas ninja ahora que nuestras camisetas se parecían. Recordé que la mía no traía una etiqueta colgando de una manga cuando me la dieron, tal vez la camiseta nueva de Chris era mejor de alguna forma que la que había en el mercado y por eso su madre no se la había comprado, de pronto empecé a entender las discusiones de mis padres.

Creía que los caparazones de las tortugas ninja eran todos igual de fuertes pero tal vez, el caparazón rojo era mejor que el caparazón naranja.








 
 
 
Olvidé encontrarme con mi infancia
y al doblar la esquina
me arañé las alas.
(En el principio era la nieve. Uxue Juárez Gaztelu)
I

quizá ya no tengo ganas de intentar ir
volver a verte en la ciudad donde se murió la vagabunda en el Sena
precisamente porque ahí murió una vagabunda, ahogada en el Sena
quizá ya no tengo ganas de intentar ir
a visitar la ciudad de donde mi abuela escapó exiliada
porque a mi abuela le mataron sus sueños y escapó exiliada
se hizo de otros sueños
y yo no sé si heredé su dolor o el de alguien más
[pero lo siento profundamente
la guerra entera
quizá ya no tengo ganas de hacer las paces con ninguna ciudad
porque todas las ciudades termino incendiándolas
porque todas las ciudades terminan en llamas
porque ninguna ciudad me llama por mi nombre
y
poco a poco, que nadie me llame por mi nombre
me vuelve ceniza
que nadie me llame, desde la ciudad, me desaparece
me esfuma la ciudad, quién lo diría que
poco a poco, a falta de un nombre, la ciudad me suprime.
Lo que no nombramos es tragado por el mar en forma de llanto.






III

Quizá ya no quiero ir
a recuperar el cuerpo en ninguna parte porque, como Orfeo, perdí la cabeza en alguno de los mares de este mundo,
mutilado; desgarrado por otros sin hacer frente de ello. Ensimismado.
El soundtrack de mi viaje no me dejó escuchar
cuándo cayó mi cabeza en el agua.
Le subí a la música con los audífonos en el trayecto cuando más miedo tuve y me perdí mi decapitación.
Leí muy tarde lo que dijo Marina Garcés alguna vez:
no vale la pena desmontarlo todo para volver a montar lo mismo con otro nombre.
Marina cállate la boca. El agua corre. No es aconsejable
depositar toda esperanza en otro cuerpo/
pero sucede

(dijo Miriam Reyes)
Lo que yo quiero es hacerme/ una cueva en mi cuerpo.
No en el del otro.
 


IV

La gente dice que los viajes te hace crecer. Yo creo que los viajes te destruyen. Tengo callos, cicatrices, manchas en la piel. Tengo el cabello quemado, colitis, artritis de primer grado y un pie que duele cada invierno por el esguince que me hice al bajar de un tren. Tengo migrañas, escalofríos y mala visión. No puedo ver nada sin ayuda. La gente dice que los viajes te hacen crecer. Me trabo con los idiomas al hablar y ya no sé expresarme bien. Confundo situaciones y lugares, confundo nombres de personas, confundo imágenes confundo risas confundo comidas confundo música confundo espacios confundo climas confundo anécdotas confundo todo menos a las personas que amé. Confundo los poemas que he leído, los lugares donde leí esas historias. Confundo las historias que he leído con las que viví. Miento demasiado. Me miento hasta a mí misma. Escucho en lo profundo de mi cuerpo una voz que todavía prevalece, enterrada, esperando que todo termine. Mi cuerpo no aguantará otro tren. Mi cuerpo no puede subirse a otro autobús. La gente dice que los viajes te hacen crecer. Nunca me sentí tan pequeña. Nunca me escuché tan lejos. Nunca me grité tan fuerte. He perdido mi cuerpo en el trayecto y hasta ahora lo supe. Hasta ahora me he enterado. Hice tanto daño. Ninguno fue intencional, creo. Sumergida en el óxido. El agua llama. Las criaturas en el agua me entregan una oportunidad. No volveré a la ciudad. Al carajo la ciudad. ¿Cómo volveré a casa? Una mujer es su casa. Su propio cuerpo/ batalla/ o lugar que habita*. Miro el cielo de noche, esperando encontrar un mapa. Las sirenas llaman, no hay tiempo que perder.
 
 
 
 
 
 




1. Un diciembre me descubro abatida por un silencio ensordecedor y me quedo inmóvil entre las sombras. 

2. Sucede que he sido derrotada por mi propio deseo y el vaivén de la duermevela me señala tu último beso, el de despedida en una terminal que ahora prefiero olvidar. 

3. He imaginado tantas veces el borde de las cosas que vivo a destiempo y no sé qué hacer con mi vida frente a la tuya.

4. Siento miedo de cada nueva imagen que no es obra de este mundo sino de ese otro que solo existe a través de mis palabras. 

5. Ojalá fuera cosa mía, pero una y otra vez el dolor ha ganado la batalla y son más las veces que prefiero callarme para que nadie conozca de dónde viene todo esto que me rebasa.

6. Que nadie me escuche, que nadie comprenda, que nadie nunca nada conmigo. 


7. Corrijo: que yo nunca nada con nadie.

8. ¿Será honesto lo que digo? ¿Cómo se le dice al cuerpo que vaya en contra de su naturaleza? ¿Y al alma —si es que la tiene— de su razón? 

9. Me desvanezco hasta ser un fantasma que nadie reconozca.

10. Si he de morir, he de morir despierta.





Sangre para limpiar la sangre
llagas de algodón
lo  mejor para secar
llagas de algodón
y si hay huecos como
túneles en tus piernas
solo puede ser con
dedos como lápices
y tapones en los ojos
que podamos curarlos,
si te duele el sexo
entonces lo mejor será
que el terapeuta te penetre
y si te duele el alma
entonces lo mejor será

que el terapeuta te penetre.




UTILIDAD DE MI RELOJ

Un pájaro azul se ha alimentado
de mis ojos todo este tiempo.
Ciego las horas como topos.
Muerte, me dueles en la sangre.




MUTISMO SELECTIVO

Camino vulnerable, como se camina con la luz apagada en una casa que no es la propia. Solo habla una voz que no es la mía. Los sonidos los articulan mis labios. Pero otra cara toma mi apertura para salir de su escondite. Nadie me conoce. Nadie ha oído nunca lo que digo. Yo no existo. Me limito a morir. A no nacer aún. Y aquí: solo habla una voz que desconozco.











La barrita del clima en mi teléfono dice 14 grados centígrados pero me pica tanto la piel que de hecho creo que son 10 o 9 grados, ¿sabes qué pasa con la actualización de cada barrita del clima en todos los teléfonos del mundo?, ¿sabes qué pasa cuando me rasco tanto las piernas por el frío?, ¿te acordás cómo tanta fricción me quema siempre las piernas? 

y siempre dijiste que ese color de la fricción no es para nada bueno y que tal vez no habría que actualizar tanto todo el tiempo las barritas del clima porque, por ejemplo, acaban de publicar en facebook un texto del último paseo de Jim Morrison en París y yo pienso entonces que él no tenía ninguna barrita para actualizar nada ni saber que a veces escuchamos desnudos sus canciones con la cara escondida entre la almohada porque tampoco sabemos que sigue y para eso no hay opciones de volver a actualizar.


CUANDO DIJISTE QUE ERAS JÚPITER

Todavía me da miedo pensar
en lo que las mujeres
encuentran cuando observan
las cenizas de sus padres 
a través de un microscopio. 
Eso lo leí en el título de una revista que comenzó a gustarte
el día que dijiste que eras Júpiter 
y me pediste que usara un vestido de flores.






Selección por Stephanie Suasnávar.



Se identifica con los héroes, no los admira.

El cuánto miedo no lo
cuentan porque no lo hubo,
encadenados al metal de las
carnicerías, haciendo viajes
imaginarios a otros planetas,
que son planetas iguales al
que conocemos, pero no
conocemos nada sobre éste
planeta, o no conocemos
nada sobre nosotros,
ayer
fuimos tierra,
ahora somos
polvo,
ahora somos
el canto enloquecido de
un hombre enloquecido,
encadenado al metal de las
carnicerías,
desgarrando la voz que
alguna vez pidió leche,
desgarrando la voz que
alguna vez pidió leche,
desgarrando la voz que
alguna vez pidió que el calor
del sol sea materno,
que la
cruz sea lo que siempre ha
sido:
una pluma en el bolsillo,
una pluma en la mano
derecha, una mano derecha
en el bolsillo, un bolsillo
manchado de tinta negra,
después de la explosión,
después del nacimiento, que
el calor del sol sea materno,
que el calor del sol sea
materno y nos haga arder
como hombres enloquecidos,
enloquecidos y encadenados
al metal de las
carnicerías,
enloquecidos y encadenados
a los horrores sin
relieve,
enloquecidos y encadenados
a la belleza de las
palabras,
palabras enfermas, palabras
deterioradas, palabras
convulsionadas,
enloquecidas
y encadenadas al metal de las
carnicerías,
palabras
débiles,
palabras
muertas,
muertas como uno,
quiero
decir:
como los demás.






La maldición de la comodidad

Poetas que escriben sobre "el amor a los árboles" apoyados sobre mesas de madera. Poetas
que prenden el cigarro cuando les van a tomar una fotografía. Poetas que se fatigan después
de caminar menos de diez calles. Poetas que buscan los fantasmas de poetas desaparecidos.
Poetas que dicen ser poetas sin que nadie se los pregunte. Poetas que revelan ser
poetas. Poetas que pertenecen a algún movimiento literario. Poetas que usan zapatos
deportivos. Poetas que realmente son novelistas y creen que sus novelas cuentan. Poetas
que realmente son cantantes y creen que sus canciones cuentan. Poetas que necesitan clases
de buceo. Poetas que son amigos del jurado (judiciales y/o culturales). Poetas que rentan
cuartos en La Torre de Babel. Poetas que esperan a la musa y no salen a buscarla. Poetas
que encuentran a la musa en la cama de otro poeta. Poetas que no golpean a la musa porque
dicen que eso no es de hombres. Poetas que tienen miedo de quedarse solos.
La creación de un libro de poesía implica maniobrar, al mismo tiempo, una pintura, una
película, un disco de música y un libro de poesía. Un poemario es lo mismo que un botiquín
de medicinas expiradas, una caja de herramientas que nunca serán usadas, una bolsa de
basura agujereada.
Una tierra colmada de minas desactivadas.









quiero pensar en ti como phoebe en el guardián entre el centeno
cuando hago esto te apareces como una niña rubia en su uniforme escolar columpiándose en un parque de estados unidos donde en medio del parque hay un oso disecado
la última vez que estuvimos en un parque con columpios intentamos subirnos a los columpios pero no pudimos porque nuestros traseros eran demasiado grandes para esas tablas de madera
cuando recuerdo eso siento que la vida nos dice ´están muy viejos para ser felices en un parque público´
otras veces pienso en ti como jane la chica que le gusta a holdencaufield pero ahora vive al otro lado de los estados unidos
y entonces tienes la forma de un planeta morado que los astrónomos dudan en llamar planeta y no planeta enano/ planetoide o cometa
debo arquear mi cabeza 180 grados para observarte en el cielo y mientras lo hago
once lágrimas empiezan a resbalar
como aceite en una sartén
por mi mejilla y me pongo triste y prefiero no pensar
o volver a la primera imagen de phoebe
entonces de nuevo eres una niña rubia inteligente que escucha jazz y se columpia en un parque donde hay un oso disecado en medio
y siento tu mano jalándome la camisa como si fuera yo del tamaño de un gigante
diciéndome
´no dejes la carrera´
´no trabajes en kfc´
´no te preocupes por la posibilidad de un ataque de pánico´
veo una vaca pastando en medio de una granja donde un campesino con overol muerde una rama mientras se toca con la mano derecha su sombrero de paja
veo una erupción súbita de petróleo en un desierto mientras un coyote devora una serpiente
veo un tobogán de treinta kilómetros es amarillo y te digo ´estas frases no son metáforas sobre el significado de la vida´
pero el tobogán es amarillo y caemos
al final hay una luz como al otro lado de un estado de coma
llegamos y hay un parque público cubierto de nieve negra
nos echamos en la nieve negra y hacemos angelitos blancos
cerramos los ojos y vemos nebulosas amarillas dentro de nuestros párpados
siento que afuera la gente que pasa nos señala y se preocupa

por lo mucho que estamos brillando.







lo letal está fuera del alcance del hombre
por eso no podremos evitar el miedo

un deleite
estremecerse y regocijarse al abrazar
la sombra
porque la sangre en menos digna
en el horror

las manos son los ojos y los ojos son parte de la mente cuando tenemos que huir de nosotros mismos para no encontrarnos con un monstruo que en realidad no existe
***
atormentado el umbral que nos hace pensar que es ajeno y yo es otro y ese otro es el mismo que no sabe que está escribiendo esto
***
la madre dibuja una división de terror con unos rulos de señorita en la oscuridad de una palabra que no tiene tinieblas vistosas para nadie solo para el Hache Pe
***
el universo quiere decirnos que no le importamos en lo más mínimo y por eso los Antiguos nos vomitan y disfrazan de crueldad un saludo para que sepamos que el fin está cerca que cuando a ellos les dé la gana vamos a marcar calavera
***
la sombra sapiencial es más espesa que la mugre que corroe las puertas viejas de la casa a la que jamás querré volver por eso necesito del miedo para sentirme vivo
***
aullido maternal aquel que busca la reflexión de la luz en el cosmos irreal en la vida que ha sucumbido ante la claustrofóbica necesidad de huir de sí mismo
***
casualmente se tiene miedo a los desconocido
y no hay nada más desconocido
que uno mismo






Vicente Aleixandre o las fases de la palabra


i.
falta de sombra o parálisis emocional que camufla los tejidos del poema / azul o color inexistente juanramoniano dentro de un libro sin tiempo / escondido detrás de las escamas de un camaleón que no quiere aceptar su condición de papel blanco que será torturado por el bien común / caminante no hay camino / un poema te espera en el mar o el sueño / con las luces prendidas y una sonrisa fingida para decirte que la muerte no espera demasiado
ii.
el dolor se puede esconder bajo la piel / los secretos son como agua manchada con sangre impura o desechos divinos / diluvios de la creación esperpéntica de una voz que no pudo combatir el sueño y el olvido / la memoria no fue más que una herramienta para desmentir la insuficiente peregrinación de la palabra por mis manos / el poema se escurría de llanto en las cejas de mi amado / yo veía como todos partían y se llevaban la mitad de mi poesía en sus ojos / otros se la llevaron en el alma del ojo del poema / en la máscara que fingí ser para que mi lengua pudiese ser salamandra o verde luz de viento / creo que la sangre no busca a la sangre / solo la derrama para comprobar si hubo vida dentro de un cuerpo
iii.
cremación simultánea del desierto o luz oblicua que atormenta a las ciudades mientras se incendian bajo un sol que no dejará de ser rojo aunque la ciencia me diga que no lo es -o que siempre lo ha sido- / un sol que detona los ojos de aquel que ose mirar y desafiar su edad / aquel que huya detrás de la verdad que se esconde en los millones de víctimas o flores parcas pardas / je suis le roisoleil et l’étatc’estmoi / Aleixandre era el rey de la poesía y el poema no era él / nunca / yo fui Aleixandre y no recuerdo a la poesía
iv.

luego de recibir mi premio tomé el dinero y compré un vino / me imaginé solo por las calles caminando lejos de mi patria y sin auguro alguno / aquel era un vaso lleno de veneno que se paseó por el desierto diciéndome: tomad y bebed todos de mí porque este es mi cáliz de mi sangre / sangre de la alianza nueva y eterna que será derramada por vosotros para el perdón de la poesía / haced eso durante la cremación mía.






Mi madre es, quizá, la persona con la que he tenido las mayores discrepancias, ambos nos movemos en mundos distintos, sin embargo hemos aprendido a no juzgarnos tanto, la expectativa ya no nos mata, ni nos envenena, por el contrario creemos, y quizá damos por hecho,  que estar aquí es un pretexto para acompañarnos y vernos tal y cual somos; no hay carta debajo de la manga, ni plan emergente, soy la prolongación de su sombra.
He visto llorar pocas veces a mi madre, la mayoría por razones donde la economía juega un papel siniestro; en esos momentos de crisis suele verse más atractiva, quién sabe cómo lo hace pero le propina ciertas jugadas al infortunio. En esas etapas obscuras se arregla el cabello, se pone ropa nueva, se pinta los labios: la elegancia es su mejor camuflaje.
Un día en la vida de mi madre involucra toda una lista de menesteres que van desde pequeños detalles domésticos hasta una extenuante rutina de gimnasio; el itinerario puede extenderse hasta la noche, después de eso sólo existen ella y sus perros.
Los gustos del abuelo inculcaron a mi madre cierta atracción por el futbol, en especial por la selección alemana, un detalle que a veces a mí me intriga y siempre me sorprende,  por tanto no resulta extraño el hecho de que  haya bautizado a dichos perros bajo ese signo germano; Völler y Reuter, nombres que evocarían aquel mundial de Italia 90, fueron designados a dos canes de corta estatura y muy mal carácter.
Los alemanes tienen una particularidad en su esquema de juego: sólo saben ver hacía adelante, no tienen tiempo para especulaciones,  de ahí  que el sistema impuesto por Guardiola a veces se les complica. Mi madre, por supuesto,  no es alemana, pero algo de esa inclinación futbolística se cuela en los hábitos, y eso se refleja en su voluntad y disciplina. Todas las mañanas, como en un ritual, realiza abdominales y ejercicios aeróbicos que se complementan con varias series de levantamiento de pesas. Yo no heredé esa disciplina, ni mucho menos el gusto por hacer deporte, cambié los entrenamientos por los libros y la competición por la soledad; ella, a duras penas, lo ha sabido entender. El único consejo que recuerdo de mi madre, ha sido una simple palabra: levántate, y fue enunciada de manera imperativa mientras arrastraba mi pierna después de un accidente con la bicicleta. En ese momento la odié, pero después me di cuenta que fue uno de los más grandes regalos que ella me pudo dar: levántate, y hazlo sin quejas.

La tarde del 27 de julio, recibí la noticia de que uno de sus perros había muerto. 17 años  pueden decirse de una manera tan fácil, una cifra que se escapa de los labios sin el menor obstáculo, pero fueron 17 años en los que un perro ejerció de cómplice y confidente. “Lo tuvimos que dormir”, fueron las palabras de ella mientras hablábamos por teléfono. Durante el resto de ese día, y los dos siguientes, mi madre no se levantó de la cama, sus ojos lucían un color rojizo y su cuerpo estaba exhausto, era como ver una amazona herida. En ese momento extrañé la mirada seria y penetrante, el dinamismo a prueba de bombas, la leve sonrisa después de demoler la opinión contraria; a cambio de eso, frente a mí, estaba el dolor habitando un espacio.